Experiencias de Previos Voluntarios

Si piensa trabajar como voluntario, seguramente se pregunta que tipo de experiencia tendrá un voluntario en CENIT. Para darle una mejor idea, pedimos a algunos de nuestros voluntarios que apunten sus historias.

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Emilia

EmiliaMe llamo Emilia, tengo 23 años y soy de Francia. Decidí ir a CENIT para tres meses justo después de graduarme de la universidad. Trabajar como voluntaria en una organización tratando de derechos y educación de niños/as fue una experiencia que quería obtener mucho.

Cada uno de los diferentes programas en los que participé tuvo sus propios peculiaridades interesantes. Lo más importante fue el programa Alcance a las Calles — trabajar con niños pequeños en los mercados cercanos de CENIT. Este programa me gustó mucho porque es una buena oportunidad para conocer mejor le realidad en la que viven los niños/as y para tener una influencia directa en su vida diaria. Es muy gratificante ver el progreso en algunos de los niños y como disfrutan de jugar y de aprender con nosotros. También enseñaba clases de inglés para niñas entre 12 y 14 años una vez por la semana y clases individuales de alfabetización para mujeres. El proyecto de alfabetización fue muy interesante porque tiene tanta influencia real en la vida de las mujeres. Saber leer, escribir y contar les hace sentir mucho más independiente y les ayuda confiar en si mismo.

Lo que me gustó más de trabajar en CENIT es el ambiente vital y optimista y la representación alta de empleados ecuatorianos. Mientras trabajas como voluntario en CENIT, intenta comunicar e integrarte con los empleados ecuatorianos lo más posible — te hará posible disfrutar tu tiempo acá aún mejor. Yo recomiendo mucho el voluntariado en CENIT, ¡es una experiencia inolvidable!

Magnus

MagnusMe llamo Magnus, tengo 22 años y soy de Alemania. Me gradué de la universidad justo antes de ir a CENIT. En vez de empezar a trabajar inmediatamente, estaba buscando un cambio de perspectiva. CENIT fue exactamente eso: algo completamente diferente por cuatro meses.

Por las mañanas, trabajaba en CEA, el centro de apoyo escolar de CENIT. Normalmente trabajaba con los niños/as de sexto grado, ayudándoles con todo tipo de deberes. Eso incluye todas sus materias: matemáticas, lenguaje, ciencias naturales o cualquier otra cosa que les mandara su profesor. Fue un trabajo exigente pero muy gratificante — ¡y puedes revisar mucho de esas matemáticas básicas que ya te olvidaste! En mi primera semana, la coordinadora de voluntarios también buscó alguien que le ayude con la página web. Como había estudiado computación en la universidad, inmediatamente dije ¡si! — y completamente rediseñé la página. ¡Espero que les guste! De hecho, todavía soy responsable del mantenimiento, así que si encuentras algún problema, mándame un mensaje.

Trabajar en CENIT es una experiencia bonita y no me arrepiento de haber ido ni un segundo. Si piensas en ir, ve con la mente y el corazón abiertos y ten en cuenta: no planifiques quedarte sólo dos meses — no es suficiente tiempo y cambiar tu vuelo de regreso, como lo hace mucha gente, ¡es caro!

Merel

MerelMe llamo Merel, tengo 22 años y soy de los Países Bajos. Estudio trabajo social en la Universidad de Rotterdam. Para mi pasantía del tercer año decidí irme a otro país para seis meses con el fin de ver otra manera de trabajo social, en una cultura y una situación económica diferente. En Ecuador pude conocer otro tipo de gente que jamás podrías encontrar en los Países Bajos: gente que vive en una extrema pobreza, quien pide limosnas o vende caramelos en la calle sólo para sobrevivir. Mi universidad ya conocía CENIT y me puso en contacto con ellos.

Cuando llegué a Quito, empecé tomando clases de español por dos semanas. Después, empecé a trabajar en el mercado Mayorista y en CEA, un centro de apoyo escolar. Me gustó mi trabajo, especialmente el mercado, donde mis compañeros y yo trabajábamos con un grupo de 25 niños. Hacíamos actividades como lavarse las manos y los dientes, cantar y hacer juegos educativos. Fue una experiencia memorable, tan cercano a algo tan desconocido.

Se quiere hacer tanto pero a veces las diferencias culturales y limitaciones económicas parecen impedir el trabajo. Cambiar la vida de otra gente necesita mucho tiempo. Así que si vas, no te olvides de que a veces te puedas sentir como sí hubiera cosas que se podrían hacer mejor, más rápido o más cuidadosamente. Pero a lo mejor eso sólo es lo a que estás acostumbrado. En Ecuador, la vida y la gente es diferente — así que ¡tómate tu tiempo!

Sara

SaraMe llamo Sara, tengo 22 años y soy voluntaria de los Estados Unidos. Cuando tenía 18 años y estaba en el primer año de la universidad, conocí a un ex-voluntario en mi centro de estudiantes. El vendió algunos de los productos hechos en los talleres de CENIT y habló con estudiantes para aumentar el conocimiento de esa organización. En ese momento, ¡estuve tan emocionada por escuchar sobre los programas de CENIT para niños trabajadores y sus familias que quise dejar la universidad e irme inmediatamente a Ecuador para ser una voluntaria! Sin embargo, como nunca había vivido fuera de mi país y no hablaba mucho español, mis padres me convencieron de seguir con la universidad, tomar clases de español y de solicitar una beca para hacer trabajo social internacional.

Conseguí la beca y entre mi segundo y tercer año de la universidad, pasé tres meses trabajando como voluntaria en el programa Alcance a las Calles de CENIT. Trabajaba con niños pequeños en el barrio Santa María que pasaban todo su día vendiendo frutas, legumbres y caramelos en las calles sucias y peligrosas del Sur de Quito. Me pasé un tiempo increíble: los niños estaban llenos de vida, amor y curiosidad y todos en CENIT fueron muy laboriosos, motivados y entusiasmados sobre su trabajo — tanto el grupo de voluntarios internacionales trabajando en las calles, como los profesores y trabajadores sociales ecuatorianos, y las hermanas encargadas de la organización. También creí que el trabajo que hacía CENIT era muy valioso y un servicio importante para la gente del Sur de Quito.

Después de graduarme, pasé un año en la ciudad de Nueva York, trabajando para algunas organizaciones caritativas, pero me sentí algo inquieta con mi trabajo. Quise encontrar algo que se sienta verdaderamente gratificante y donde pueda contribuir a cambios concretos. Así que decidí buscarme otro trabajo más (¡mi cuarto!) y ahorrar dinero para irme otra vez a Ecuador para trabajar en CENIT. En los últimos nueve meses, trabajo en el programa de patrocinio de CENIT, Invierte-en-una-Vida, que asigna padrinos de los Estados Unidos y Europa a los estudiantes más inteligentes y más pobres de CENIT. Después de tal vez uno o dos años más, probablemente voy a ir a la universidad otra vez o voy a buscar un trabajo similar en los Estados Unidos. Pero por ahora, ¡estoy muy feliz de poder contribuir tan positivamente a una organización muy especial y de poder trabajar con gente asombrosa de todo el mundo!